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Por: admin

El ruido hace temblar Boston y me hace temblar a mí.

Estoy a punto de cruzar el km 35. Todavía no hay nada que festejar, nada absolutamente. Aunque llevo mi mejor tiempo hasta este punto, nada de eso contará si no soy capaz de mantener este paso. El verdadero maratón está a punto de comenzar, a partir de aquí las piernas y la cabeza seguramente estarán al límite del colapso. Pero el corazón no debe fallar, el corazón el día de hoy no siente miedo…

Es un día muy frío y lluvioso, despierto demasiado temprano para una carrera que iniciará hasta las 10:25 de la mañana. Pero la logística obliga que así sea. Siempre la misma rutina, las mismas cosas y hasta la misma ropa. Si, disfruto la convencionalidad y algunas cosas que contienen cierto grado de ritualidad. Ritualidad que por cierto inicia varios días antes de mis eventos importantes. El maratón de Boston es un evento importante, calificar realmente me costó, además Boston es, El Maratón. Dicen que es un maratón muy difícil, que es prácticamente imposible hacer mejor tiempo que el propio de la calificación y Yo estoy aquí, parado justo en la línea de salida, atrás quedaron las horas de espera, los días de entrenamiento, la chamarra con la que me cubría del frio y los nervios y las expectativas, y también quiero dejar el miedo. Hace mucho frío, un frío que se olvida en el momento del disparo de salida…

Cuantas personas han sido importantes en mi vida. Estoy sorprendido por que durante estos primeros kilómetros he recordado muchos nombres. Nombres de personas que han hecho posible que hoy sea quien soy. Amigos de la infancia, primos, maestros, compañeros de escuela, compañeros de las artes marciales, más amigos, más maestros, mis alumnos, más alumnos y más alumnos. Bueno imposible mencionarlos a todos, pero como me ha ayudado en estos primeros kilómetros recordarlos. Me acordé de tu papá Héctor Solorio, le deseo pronta recuperación. Pablo Moreno, palabra cumplida. Javier Velarde, Jorge Raúl Carrillo Vicente y Dante Corona Mora gracias por su lealtad y constancia, me da fuerza y tranquilidad tenerlos de compañeros de equipo. Sebastián Reyes hoy deseo que toda tu pasión con la que peleas se me contagie. La necesito. ¿Pelear? Como me ha ayudado en la vida la filosofía de la pelea de las artes marciales. Recordé mis peleas de contacto completo, nuestra filosofía, Juan Carlos Aguilar Sánchez, Rodrigo Silva, Benjamín Colmenares, Samir Eljure Casas, un Calmecac México lo último que baja es la guardia. Con esa actitud correré. Recuerdo también que forme parte del equipo Tekno, Luis Fernando Jiménez, Juan Carlos Corona, Paco Veyro, Claudia Pérez, por supuesto Roberto Pérez (+) y varios más. No había opción, era un equipo de campeones, aprendí que debía esforzarme, hoy lo pondré en práctica…

También recuerdo los consejos de los expertos, los que ya han estado aquí, los que ya han vivido esta emoción. ¡Gracias! sus tips han sido importantes y los tomaré en cuenta durante la carrera. Gracias también a las porras que he recibido, es increíble como esas palabras de aliento de tantas personas días antes del maratón se reflejan en estos momentos, su buena vibra viaja conmigo, ayuda y motiva.

Boston es el más antiguo de los maratones, una ruta muy complicada llena de subidas y bajadas, eso es mortal para las piernas. También es una ruta hermosa, de hecho la ciudad y su gente son hermosas, se han volcado a las calles para apoyar a pesar de las condiciones del tiempo; y de qué forma, 42 km de bullicio, los niños que te quieren dar la mano a lo largo de toda la carrera, correspondo tanto como me es posible, eso me alienta, me recuerda a mis hijos cuando eran pequeños. Híjole, las chicas universitarias, me gritan que me detenga a darles un beso, las veo y reflexiono: a esta si, a esta si, a esta a también… habría perdido varios minutos dando besos, así que concluyo que no daría pie a que se pelearan por mí y provocar un accidente, al fin los besos que verdaderamente deseo me esperan en la meta y en mi país. Los voluntarios, ellos son los héroes de estas pruebas. Que forma tan incondicional de ayudar…Pero Boston recuerda con dolor el atentado terrorista del 2013, existe una absoluta seguridad a lo largo de todo el maratón. Parte de mi dolor lo dedico a ese dolor que sufrió Boston y su gente…

El cansancio es inevitable, pero para esto entrené, fueron muchas horas de entrenamiento, eso me gusta -entrenar- me permite relajar, sentirme y darme un tiempo de introspección. También mientras entreno surgen grandes ideas de trabajo y claro, también largas horas de plática con los amigos. Definitivamente hago estas pruebas por que disfruto entrenar. Cuando llega el cansancio, también recuerdo a las personas que me inspiran, soy fanático de las historias de superación, me gustan las biografías de personas exitosas, en todas leo la misma constante –Mucho esfuerzo, una gran constancia y un enorme amor por lo que les apasiona-. Y no hablo únicamente de personas famosas, existen muchas personas qué, en su día a día viven y crecen con esa constante, no escribirán un libro ni saldrán en la televisión pero sus vidas son semillas de inspiración. También recuerdo los consejos que he recibido de los entrenadores, he tenido varios, sobre todo en mi etapa de practicante de artes marciales y por supuesto, los consejos de mis entrenadores de triatlón y atletismo, Gaby Chávez y Uzziel Valderrabano. Todos de una forma u otra me han transmitido conocimiento y experiencia para afrontar las dificultades deportivas y la vida misma…

Km 36.

Continuo con el buen ritmo, hasta ahora las cosas están saliendo bien, pero a mi mente viene el recuerdo de lo que llamamos en las pruebas de resistencia “tronar”. Tronar es el momento en el que de repente se te acaba la energía y no hay manera de seguir corriendo. Recuerdo mi primera tronada… Me pregunto cómo ira Rubén Flores, hicimos juntos este viaje y nos despedimos unos minutos antes del arranque, sinceramente confío que el venga tan fuerte como se sentía antes de iniciar esta carrera. Llevo muchos años compartiendo con Rubén estos gustos, en realidad llevo muchos años compartiendo con Rubén una gran amistad y un gran cariño, somos diametralmente distintos en muchos sentidos, en la mayoría creo Yo, pero quizá eso sea algo que equilibra nuestra hermandad. Creo que por seguir a Rubén en sus locuras y hacerle caso, ahora me encantan estas pruebas de resistencia, desde que lo conozco es un atascado, le gusta “lo grande”. Con el sufrí mi primer tronada, el me invito al primer medio Iron Man cuando Yo no había hecho siquiera un triatlón. Tenía dos días de haber dejado el hospital de un accidente muy grave y, del que todavía tardaría meses en recuperarme, cuando recibí una llamada de Rubén para que me inscribiera a mi primer Iron, seguramente le dije que estaba loco, pero me inscribí y ello fue un aliciente para mi recuperación. Hoy estoy seguro que sin importar quien llegue primero uno estará esperando al otro para con un abrazo festejar nuestro resultado. Hoy confío que ninguno de los dos nos tronaremos…

Km 37.

Es inevitable, el dolor de las piernas empieza a agudizarse, en este punto de la carrera es cuando se empiezan a ver cada vez más corredores caminando y a muchos otros disminuyendo fehacientemente la velocidad. Para mi es el momento de olvidar las piernas y usar el corazón. Nací en una familia acostumbrada a trabajar y luchar muy duro. A venir desde abajo, a empezar de cero y salir adelante. Mi madre es el gran ejemplo de la dedicación y el sacrificio, el amor por su familia la llevo inclusive a sacrificar su propia vida para dedicarse a nosotros. Mi padre nos heredó la disciplina, la constancia y el trabajo, a Él le debo la actitud de no desistir jamás, gracias a Él, he concluido prácticamente todo lo que he iniciado. Dios me permitió tener sólo un hermano, crecimos compartiendo nuestros juegos y nuestras pasiones, ah, también la terquedad y el carácter, y con ello la discusiones, los pleitos, los éxitos, los triunfos, las derrotas, los momentos difíciles, nuestros primeros viajes, mi primer empresa y la satisfacción de ayudarlo a ser un gran atleta, creo que en este momento me caería muy bien tener su velocidad, su potencia de piernas pero sobre todo su compañía, espero algún día lo hagamos juntos.

Km 38.

El dolor va en aumento. Las pantorrillas empiezan a reclamar el estar corriendo con el metatarso. Pero mi paso no disminuye, bueno quizá uno o dos segundos, pero nada que ponga en riesgo el resultado todavía. Me duele, me duele mucho y ahora también me duele el corazón, porque recuerdo el dolor de mi país, México está herido, está sangrando y mi pueblo llora, mi pueblo está gritando de forma desgarradora, Ayotzinapa, Tatlaya, Aguas Blancas, narcotráfico, corrupción, fraude, asesinatos, robos, más fraudes, más corrupción y más narcotráfico. México sale a las calles y grita por justicia, pero el grito no es suficiente, el grito no es coherente. Los mexicanos nos quejamos pero no cambiamos, exigimos cambios desde arriba pero no hacemos nada desde abajo. Exigimos una autoridad educada, justa, honesta, incorruptible, trabajadora, leal, etc., etc., etc. Pero una gran mayoría de los mexicanos no leemos, somos flojos, trabajamos poco, llegamos tarde, nos pasamos los altos, nos robamos la luz, nos robamos el agua, no pagamos impuestos, sobornamos policías y autoridades, tiramos basura, hacemos ruido, contaminamos, etc., etc., etc. El grito no es suficiente, el grito es incoherente…

 

Km 39.

A pesar del dolor voy muy bien, me siento fuerte, tengo que cuidar que esta sensación se mantenga durante los próximos 3 km. En estos momentos una mala decisión podría echar a perder lo que he avanzado… mi esposa me espera en la meta, ella es la principal culpable de que estemos aquí. En realidad a mí no me encanta solamente correr, venir a Boston no era un ideal para mí, pero ella creía que Yo podía y debía estar aquí, así que radicalmente me empujó. Califiqué en el maratón Lala de Torreón, ella fue la que me inscribió con la consigna de calificar a Boston. En muchos aspectos de la vida ella es más decidida que Yo, cuando tiene una idea y me la manifiesta –tiemblo-. Casi siempre esas ideas se han hecho realidad y debo reconocer que ella tiene el empuje para que se lleven a cabo. Por una de esas ideas estoy aquí y lo estoy disfrutando mucho, se lo agradezco y se lo dedico. En esta atapa el verdadero maratón ha iniciado y, en adelante debo hacer todo lo necesario para llegar a donde ella esta y hacerle saber que nuevamente lo logramos.

 

Km 40.

Un poco más de 8 minutos por delante. Pensar que está terminado sería un gran error. Ya es mucho el cansancio físico y mucho más el mental. Pero la fiesta en las calles es indescriptible, todo en el ambiente se respira a maratón, simplemente es un bullicio lleno de buena vibra, Boston esta colmado de alegría y felicidad. Hablando de felicidad recuerdo el día que nació mi hija, ha sido uno de esos días en lo que Dios se ha manifestado en todo su esplendor. Definitivamente desde ese momento he observado la vida desde una perspectiva distinta. Michelle es la alegría en nuestro hogar (cuando esta de buenas, claro). Cuando vivo momentos complicados siempre recuerdo su hermosa sonrisa y sus gritos “vamos papi, vamos”. Esos gritos hoy en mi corazón, me empujan, me alientan…

Estoy a punto de terminar el km 41. Estoy a 1100 metros de la meta. El ruido hace temblar Boston y me hace temblar a mí. Es imposible ya seguir corriendo de puntas. De hecho creo que es imposible seguir corriendo, mis piernas me avisan que han llegado al límite, hay avisos de calambres. Josué –Te extraño-. Si Josué estuviera aquí seguramente habría corrido conmigo algunos kilómetros y seguramente me habría impulsado a hacerlos más rápido. Mi hijo tiene un coraje tremendo, practica un deporte en el que normalmente enfrenta a rivales mucho más grandes, nunca lo he visto disminuido, al contrario, entre más grande el reto más se inspira. Hoy ese coraje lo necesito Yo. Faltan tan sólo unos metros, la meta está a la vista, pensar en mi familia me ha motivado, ellos van aquí, a mi lado, están aquí, en mi corazón. Ya no debo preocuparme, ellos me jalarán…

Miguel Angel Aguilar

100 metros. Esos últimos 100 metros se sienten eternos, el corazón quiere acelerar, no estoy seguro si las piernas responden. Recuerdo un versículo de la Biblia, “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente porque Yo, tu Dios, estaré contigo”, ante esa promesa no hay forma de no esforzarse. He corrido como nunca, doy el último paso de esta carrera, cruzó la meta, levanto la vista al cielo y contemplo su majestuosidad… Gracias Dios.

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Esta historia le pertenece a Miguel Angel Aguilar Sánchez

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