COMMON PEOPLE - Trimexico

Menú

COMMON PEOPLE

COMMON PEOPLE

“Well, here’s your lucky day!

It really, really, really could happen”

Blur, Álbum The Great Scape, Canción The Universal

COMMON PEOPLE

A fin de cuentas, siempre llego al mismo punto, lo que dejes pasar hoy lo dejarás pasar para siempre. Mañana no existe, ayer tampoco el único tiempo real es HOY, el presente. Por esto cito “The Universal” de “Blur”. Si estás esperando tu día de suerte para hacer algo extraordinario, pues tu día de suerte es hoy.

Algo extraordinario para mi fue hacer ejercicio para ti puede ser acabar un IronMan en 10 horas, , y si quieres que pase “algo sobrenatural”, créeme, va a pasar.

La Boda de Beto estuvo increíble como era de esperarse. Todo encajaba para que yo corriera tranquilamente el domingo mi primer carrera de 10k. La misa de la boda era como a las 2 de la tarde, la comida a las 4 de la tarde, yo me salía a las 10 de la noche y me dormía hasta al domingo a las 6 de la mañana para irme a Reforma a correr.

El sábado siguió su curso normal, me desperté tranquilo, fui hasta Polanco para recoger mi paquete de competidor, toda una nueva experiencia, no me imaginé tanta gente. Y tantos regalos, me dieron fruta, barras de cereal, Powerade, creo que hasta unos boletos para ir al cine, cortesías para entrenar un día en un gimnasio, un plato de Kung Fu panda 2 (excelente regalo para cualquiera de mis sobrinos), y la playera. La playera estaba increíble, era color verde limón y había de mi talla, les presumí que era talla M y me quedaba increíble estaba feliz.

No tenía idea de qué hacer con un “Chip”, con la pulsera del bloque de salida y no me imaginaba que tan obligatorio era ponerte un número en una carrera. Leí las instrucciones y todo se facilitó, jajaja, por lo general cuando instalo algo no leo las instrucciones. Desde medio día preparé mis shorts, mis tenis, mi desayuno previo a la carrera (siempre es una fruta un pan y ahora incluí la mantequilla de cacahuate). Ya que tenía todo listo, pasé a la segunda etapa, prepárame para el fiestón del sábado.

Omití una parte importante: el sábado previo a la carrera, estaba crudísimo y necesitaba unos tacos, así que maté dos pájaros de un tiro, recogí mi número y curé mi cruda. De regreso de Polanco aproveché que estaba en la zona y me aventé unos Panuchos en el Turix y una torta de cochinita, con dos cervezas victorias. Ya todo pintaba mejor.

Así como preparé todo para mi primer carrera, también preparé todo para la boda: los zapatos, los calcetines, los boxers, el cinturón, el traje, camisa, mancuernillas, corbata, loción y un buen baño, porque me hacía falta.

Nos lanzamos a Altavista mi hermano, Emilio y yo, nos dio un aventón mi hermana. Desde que entré al lugar sabía que va a ser un eventazo de aquellos. Últimamente me han puesto en la mesa de los solteros, cosa que agradezco mucho, porque las mejores fiestas siempre acaban en esa mesa.

La alineación de invitados también era impecable, estaban mis amigos del equipo de fut, los amigos del CEYCA, el chaparro, el Gordo, puro sujeto de cuidado. Como era de esperarse empezamos con los tequilitas para abrir garganta (soy fan del Herradura Blanco, derecho acompañado de una Victoria siempre).

La comida estuvo buenísima, lástima que no era la típica cena de CarboLoading (pastas y más pastas) para una carrera, no corría con tanta suerte. Pero ya en la cena esperaba cargarme de carbohidratos. La música previa al bailongo estuvo buenísima: escuchamos a U2, a Soda Stereo, a Arcade Fire, a los Aterciopelados, pura emotividad y a la hora del baile la pista estaba llena todo el tiempo.

Abreviando, la fiesta estaba en su apogeo a las 10 de a noche y yo seguía ahí, ya traía una muy buena jarra y no podía dejar de bailar, hasta que mis hermanos me dijeron: “Mañana es tu carrera.” Y me puse bastante nervioso, ahora sí no sabía que hacer si quedarme o irme, pero encontré la solución adecuada: me eché un caballito con mis compadres y me fui a dormir.

Después de todo lo que había bebido y comido, la noche fue un infierno, no pude dormir nada. Me dio taquicardia, estaba nervioso, peor que previo a una noche de Reyes Magos, la sed que traía era impresionante. Sabía que mi hermano iba a llegar tarde a seguir la fiesta en la casa y por eso dormí en otro cuarto donde hubiera menos ruido. Como no era mi cama, dormí bastante incómodo. Fue una pesadilla.

Obviamente todos los consejos que me dieron me los pasé por el Arco del Triunfo: mi cena de carbohidratos no existió, mi hidratación preparatoria para la carrera se basó en tequilas y cervezas, llegar con las piernas relajadas no lo logré por el paso de baile tipo Van Halen y su canción Jump, logré dormir 3 horas seguiditas, a las 6 de la mañana me dolía todo. Pero el compromiso estaba hecho. No iba a dejar plantado a mi equipo Majagua.

Llegué a recoger a mi amigo El Negro, nos subimos al metro San Pedro de los Pinos, porque iba a ser imposible estacionarte en la zona de Polanco. Así que llegamos al metro Auditorio y ahí nos vimos todos. No nos dio tiempo de calentar. Pero a mi amigo El Ruso le dio tiempo de echarse una buena torta de tamal.

Había muchísima gente y cada quien estaba en el bloque de salida que quería, yo me acomodé en el que pude, ya todo estaba llenísimo, los muslos era lo que más me dolía por los brincos que eché la noche anterior. Estaba muy preocupado por terminar vivo la carrera. Me encontré a muchos conocidos, que también son buenos para la fiesta. Nadie se imaginaba verme en un domingo a las 7 de la mañana listo para correr.

Sonó el disparo de salida y empezamos todos a correr, muy despacio porque había mucha gente. Me ajusté al ritmo de carrera que traían mis amigos, no sabía si iba a aguantar 10km. Así que me fui bien despacito.

Después del kilómetro 2 las piernas las sentía mejor, íbamos por adentro del Castillo de Chapultepec, el recorrido estaba increíble y ahí decidí empezar a rebasar y meterle un poco más de ritmo a la carrera. No contaba con que se venía una buena subidita que me empezaba a exigir un poco más resistencia cardiovascular. Pues creo que me fui a tope y estuve por ahí del 100%, o sea el límite máximo de mis latidos por minuto. Solo quería que llegara algo plano para poder recuperarme y lo logré llegué de vuelta a Reforma. Pero me sentía un poco mareadón. Para mi no importaba eso, no sabía ni que significaba “Latidos Por Minuto” o “Ácido Láctico” o “Zona del Lactato”. Creo que esa carrera la saqué con el corazón solamente.

Después de ir por reforma entré a Arquímedes, donde está el Club Asturiano, la bajada estaba buenísima y pasar por debajo del puente fue toda una experiencia. La gente que iba corriendo aprovecha el eco que de hace en los pasos a desnivel para gritar y darse ánimos. No me quedé atrás y grite un poco de groserías motivantes: “¡Agüevo, eso es todo, si se puede carajo!” Perdonen mi francés, pero en realidad era una emoción que jamás había sentido. Pero esa felicidad fue solo un momento, todo lo que baja tiene que subir y así empezó una subidita de locos que nos sacaba hacia guardias presidenciales. Otra vez estaba al borde de echar el pulmón. Pero estos dolores son cosas que te das cuenta que pasaron hasta que termina la carrera, en el momento que sucedieron, sólo me preocupé en seguir adelante.

Por ahí del kilómetro 6 o 7, vi a lo lejos a Kalu, uno de mis amigos de toda la vida. Siempre me había platicado lo bien que se siente correr, hacer triatlones, entrenar en la bici y verlo delante de mi fue una motivación automática. Me puse como meta alcanzarlo y lo alcancé. Lo rebasé solo por un kilómetro, porque al Km9 me alcanzó con sus técnicas Kenianas. De ahí en adelante nos fuimos juntos hasta como 300 o 200 metros antes de la meta. Ahí le metimos todo el gas. Por fin terminé la carrera. Estuvo increíble. Mi récord fue de 53:23 minutos. Ni yo lo podía creer.

Pensando en qué me dejó ese día, pues la lección aprendida es que no debes correr crudo, que si tienes ganas de hacer algo lo vas a terminar y que no necesitas volar literalmente para hacer algo extraordinario. Para mí, esa vez fueron 10 kilómetros. Y poderle sacar una sonrisa y una lágrima de emoción y alegría a mi madre al contarle todo lo que significaron esos 10km, no tuvo precio. Estoy seguro que se acordó mucho de mi papá. Y yo también me acordé de él, me hubiera gustado correr un día con el la famosa Carrera del Día del Padre.

Si ahorita con esta experiencia contagio a alguien para hacer algo extraordinario yo me siento más que completo, gracias por leerme otra vez. Y se me olvidó contarte un detalle más: ese día después de la carrera fuimos a desayunar a la Antojería Guille (Rosita Alvírez) en Portales, me eché un taco dorado, tres costeños uno de suadero y dos cervezas.

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *




Suscríbete

Suscríbete a nuestro mailing

* obligatorios

Video Destacado

X