Lun. Oct 3rd, 2022

Lo bueno de acabar una temporada es que puedes empezar otra nueva, estableciendo nuevos objetivos, nuevos planes y una actitud positiva hacia todo lo que pueda venir. La temporada 2012 había sido buena pero no había acabado como lo había planeado, teniendo un resultado por debajo de lo esperado en la última prueba de la temporada, el campeonato mundial de triatlón sub 23 en Auckland, Nueva Zelanda, en mi último año sub 23.

 

Ese mal sabor de boca del cierre de la temporada anterior me llevaba a fijarme metas más ambiciosas para este año. Con un buen comienzo, tras un par de meses me sentía muy fuerte en las tres cosas, especialmente corriendo. Esas buenas sensaciones me llevaron a seguir metiendo muchos kilómetros de carrera, cuya consecuencia sería perjudicial al cabo de unas semanas. Llegué a Madrid a principios de enero, después de dos semanas de intenso entrenamiento en México, con dos semanas de exámenes finales por delante y algunos obstáculos que harían de las siguientes semanas momentos difíciles. Primero, tras una semana en Madrid, con mucho estudio y entrenamiento por hacer y poco tiempo para descansar y dormir, cada día me molestaba más la periostitis tibial hasta que un día salí a correr y me tuve que regresar por el intenso dolor. Me hice una radiografía y la recomendación del médico fue que no corriera ni hiciera bici ya que el hueso estaba al límite y aunque todavía no había fractura podría haberlo si seguía estresando la tibia.

El primer parón del año me dejaría sin correr al menos un mes (en caso de que no hubiera fractura) y hasta un mes y medio si había fractura y dos semanas sin hacer bici. El panorama estaba claro, había que aprovechar el tiempo que no le podría invertir a la carrera y al ciclismo en nadar, nadar y nadar. Y eso fue lo que hice, estuve nadando bastante, haciendo mi mejor marca en 1500m a las pocas semanas (16:44) y sintiéndome cada vez mejor en el agua. Pasadas las dos semanas ya podía hacer bici pero fue dos semanas más tarde cuando llegaría el segundo obstáculo que haría de las siguientes semanas un infierno. Después de una sesión mañanera de natación, salí en bici con mis compañeros de entrenamiento del CAR como lo hacemos todos los domingos. Íbamos alrededor de 15, yendo yo en la penúltima posición en ese momento. En un decenso largo pero poco técnico, íbamos bajando como a 70 km/h cuando alguien adelante frenó por una falla mecánica, frenando todos menos el único compañero que iba atrás de mi, el cual sin darse cuenta impactó contra mi rueda. Lo siguiente que me acuerdo es estar tirado a media carretera con un intenso dolor de hombro y de cabeza sin saber muy bien lo que había pasado y con dificultad para moverme.

Pasados unos minutos llegó la ambulancia y me trasladaron al hospital, donde la radiografía revelaría que efectivamente me había partido en tres la clavícula y necesitaría cirugía para acomodarla, una cirugía que me harían cinco días después en la que me pondrían una placa de titanio con siete tornillos para fijarla. Los siguientes minutos no podía dejar de pensar en todo lo que eso cambiaría mis planes, ya no podría ir a las primeras pruebas del año, incluyendo dos copas panamericanas en Chile a las que ya estaba inscrito, ni podría ir con mis amigos a la concentración que hacemos anualmente en Águilas, Murcia, una concentración de dos semanas donde no sólo entrenamos muy bien sino que podemos disfrutar de paisajes nuevos, escapando del duro frío invernal de Madrid y donde nos divertimos mucho. Y ni que decir de la mejora que había tenido nadando, había pasado de un día a otro de nadar más de 50km a la semana a no poder meterme al agua. Pero al mal tiempo buena cara, lo único que podría hacer las próximas semanas sería rodillo, y así fue.

Como no me quedaba de otra, me hice mejor amigo del rodillo, que me vería todos los días varias horas ahí durante las siguientes semanas. Empecé a correr (sin mover el brazo de la clavícula rota) dos semanas después, pero después de una semana tuve que parar al tener otra vez molestias. El haberme roto la clavícula había hecho que no tuviera las radiografías de control de la tibia ya que me estaban radiando mucho por el tema de la clavícula y al final fue hasta que tuve molestias nuevamente que me hicieron una radiografía y se comprobó que me la había roto y que aunque ya estaba mejor, tendría que dejar de correr otras semanas para una recuperación total. Así que de vuelta al rodillo al 100% y poco a poco a empezar a mover el hombro. Un mes después de la operación, a mediados de marzo, al fin me pude meter al agua, sin nadar pero haciendo ejercicios con poco rango de movimiento articular del hombro así como patada e incluso nadar con el brazo contrario al de la clavícula rota. Fueron semanas difíciles y de mucha incertidumbre al no saber qué me esperaría el resto de la temporada, no sabía cuándo podría volver a entrenar con normalidad y mucho menos cuándo volvería a competir.

Después de tres meses sin correr y un mes sin nadar, empecé poco a poco a entrenar las tres cosas, siendo la bici lo último ya que una caída podría llevarme a que la clavícula recién consolidada se volviera a romper, así que el rodillo sería la opción otras semanas más.

Tras estos meses de eventos inesperados y sueños frustrados, al fin veía la luz al final del túnel y ya me veía compitiendo nuevamente. Ocho meses después de mi último triatlón (el mundial de Auckland), la Copa Panamericana de Ixtapa sería mi debut del año, seguida de la Copa Mundial de Edmonton dos semanas después y el Campeonato Panamericano en Vila Velha una semana después, así como la Copa del Mundo de Palamós una semana después del Campeonato Panamericano. Con más ganas de competir que nunca, llegué a Ixtapa y gané, siendo muy emotivo el ganar en casa después de estos meses tan difíciles. Después en la Copa del Mundo de Edmonton quedé cuarto, perdiendo el pódium en la última parte de la carrera pero aún así muy contento. Por último, gané el Campeonato Panamericano Elite de Brasil, antes de regresar a España donde terminé en 14 en la Copa del Mundo de Palamós.

La siguientes pruebas en las que competiré serán la Copa del Mundo de Tiszaújváros, Hungría, seguida de la Serie Mundial de Estocolmo y la gran final de las Series Mundiales de Londres. Posteriormente la Copa del Mundo de Alicante y por último la Copa del Mundo de Cozumel para terminar la temporada.

Al final aprendí que todo pasa por algo y que hasta de las peores experiencias se pueden sacar cosas positivas. Eventos así forjan el caracter, son riesgos que acompañan al deporte profesional y con los que tendré que convivir si quiero llegar a lo más alto de este deporte.

ME PUEDEN ENCONTRAR EN TWITTER  @rodrigogogon 

(FOTOS mcni.com.mx)

     

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